Estudios arqueológicos han determinado que los Mayas practicaban tanto la inhumación como la cremación. Las variedades de las tumbas van desde simples agujeros en la tierra hasta ricas cámaras mortuorias. Algo similar ocurre con las posturas que presentan los cadáveres, colocados de mil formas diferentes.
Generalmente, los difuntos eran enterrados en su propia vivienda o en los lugares donde habían ejercido su trabajo. Y se han detectado varias fases en los enterramientos. Primero, un entierro inicial, para llevar a cabo el definitivo años después, el cual podría estar acompañado de una limpieza de la osamenta, eliminando restos de carne y otras adherencias. En algunos enterramientos, resulta frecuente descubrir diversos objetos que deben haber formado parte del ajuar mortuorio, lógicamente, con algún significado simbólico relacionado con la otra vida.Una de las piezas halladas de forma recurrente consiste en una máscara (de jade, estuco o madera) que se colocaba sobre el rostro del difunto. Según los estudiosos, estas máscaras podrían haber servido para aludir al cambio de condición de su portador (de la vida terrena a la “subterránea”), constituyendo parte de una especie de ceremonia de regeneración.

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